MDMA, el potenciamentes

Extasis En 1912, la compañía Merck aisló accidentalmente el MDMA (3,4 metilendioximetanfeta-mina). Al no encontrarle una aplicación médica concreta, los laboratorios abandonaron su investigación. Entre 1953 y 1954 el ejército estadounidense retomó las investigaciones. Aunque los primeros datos biológicos sobre las mismas se publicaron en 1973, no fue sino hasta la década de los 80 cuando, personajes como el químico estadounidense Alexander Shulgin, la devolvieron de nuevo a la luz pública. Según sus propias palabras “Rescaté esta sustancia por sugerencia de un amigo. La probé y escribí mucho sobre ella en las revistas médicas. Descubrí que tenía notables beneficios terapéuticos. En su momento representó la aparición de una nueva familia de agentes que permiten al individuo expresar y experimentar contenidos afectivos reprimidos por las barreras culturales.”

El MDMA alcanzó gran popularidad entre la cultura underground californiana y entre la clientela de los clubes nocturnos. Los vendedores, en una acción de marketing, la rebautizaron con el nombre de éxtasis. En 1985, el gobierno estadounidense declaró esta sustancia ilegal a pesar de que numerosos científicos argumentaron sobre sus propiedades para hacer aflorar pensamientos y recuerdos reprimidos.

Hoy en día, el MDMA es conocido en todo el mundo como XTC o éxtasis. La forma en que se comercializa en el mercado negro es en cápsulas y pastillas que pueden ser de cualquier forma, tamaño y color, y pueden tener distintos grabados. Aunque también se vende machacado en forma de polvo o pequeñas rocas de color cristal. Su composición se obtiene aminando miristicina, un alcaloide contenido en la nuez moscada.

Formas de adulteración

En España, según informes del Instituto Nacional de Toxicología, la cantidad del principio activo presente en las muestras incautadas (pastillas o cápsulas de aproximadamente 300 mg) oscila entre 90 y 166 mg. Regularmente se adultera con benzodiacepinas como piracetam; también con buprenorfina, dextropropoxifeno, resina de Cannabis Sativa, metilfenidato, fenmetrazina, cafeína. Asimismo, es común que se hagan pasar por éxtasis otras sustancias similares como es el caso de la MDEA y MBDB, anfetaminas, compuestos bastantes diferentes como el DOB o sustancias prácticamente inactivas.

Cómo usarlo

ExtasisEl modo más común de ingerirlo es por vía oral. Cuando se presenta en forma de píldoras, su absorción es más rápida y completa si ésta se coloca debajo de la lengua; en el caso de las cápsulas, regularmente se disuelven en jugos o aguas de frutas. Un modo alternativo de tomarla es a través de la inhalación, en cuyo caso produce un efecto más inmediato aunque su duración se reduce. Los efectos comienzan a notarse entre los 20 y los 60 minutos posteriores a la ingestión, su acción máxima se presenta entre una y dos horas después, tras lo cual disminuye progresivamente hasta desaparecer entre las cuatro y las seis horas. Al llegar al cerebro, el MDMA provoca la liberación de dopamina y noradrenalina. Estimula el sistema nervioso central, provocando alteraciones en la esfera emocional. Las dosis bajas están entre los 50 y 75 mg; las medias entre 125 y 160 mg; las altas entre 180 y 200 mg; las letales sobrepasan el medio gramo.

La MDMA me intrigaba porque a todos los que la habían usado y les preguntaba ‘¿Qué se siente?’ respondieron igual: ‘No sé, quizás nada.’ Y ahora entiendo esas respuestas. Yo también pienso que no pasaría nada. Pero algo parecía haber cambiado. Antes de que la ‘ventana’ se abriera completamente, tuve algunos efectos somáticos. Una sensación hormigueante en los dedos y en la sien – una sensación placentera, no distractiva. De cualquier manera, justo después de eso hubo una ligera náusea y mareo un poco similar a demasiado alcohol. Todos esos detalles desaparecieron cuando caminé hacia afuera. Mi estado de ánimo era ligero, feliz, pero con una convicción remarcada de que algo significativo estaba a punto de ocurrir. Hubo un cambio en ambas perspectivas, en el campo visual cercano y en la distancia. Mi visión, usualmente pobre, se afinó y vi detalles a distancia que normalmente no puedo ver. Después de que la cresta de la experiencia pasé a un estado de profunda relajación. Sentí que podía hablar sobre temas profundos o personales con especial claridad, y experimenté algunas de las sensaciones que uno tiene después de un segundo martini…

Efectos psicológicos y fisiológicos

Inicialmente se experimenta una sensación de euforia y bienestar, aunque un pequeño porcentaje de personas presentan turbación, ansiedad o tensión. No se sabe con certeza si este efecto proviene del propio MDMA o de algún adulterante, pues los pocos estudios clínicos que se han realizado utilizando MDMA puro no reportan nada al respecto.

Después de 15 o 30 minutos el ímpetu se reduce. Muchos consumidores consideran que ésta es la etapa “más rica” de la experiencia, pues suele relacionarse con la contemplación, la meditación y las experiencias empáticas. Los sentidos que más se potencian son el tacto y el oído. Algunas personas pueden experimentar náuseas, contracción en las mandíbulas o dolor de cabeza pasajero. Al día siguiente suele presentarse una especie de reminiscencia del efecto mucho más leve que puede manifestarse como fatiga y falta de apetito.

En Inglaterra, tras reportarse cinco muertes atribuidas al uso del éxtasis, las autoridades comenzaron a exigir que los sitios de reunión en los que se consumía la droga tuviesen a disposición de los clientes suficiente agua y un cuarto especial con bajas temperaturas (chill-out-room). El consumo en dosis abundantes durante periodos prolongados puede inducir la aparición de problemas físicos como anorexia, visión borrosa y deficiencia en la coordinación motora. Respecto a los efectos de su uso reiterado sobre el sistema nervioso central y órganos internos, aún no hay información contundente. Sin embargo, experimentos recientes sugieren que puede alterar los niveles normales de serotonina en el cerebro de ratas y monos. Esta hipótesis concuerda con los informes del Dr. Schifano respecto a un paciente que tras el consumo durante cuatro años y medio de una dosis media de 200 mg de éxtasis en aproximadamente 150 ocasiones, desarrolló una psicosis atípica crónica “con alucinaciones hipnagógicas, inversión del ciclo sueño-vigilia, pérdida del apetito y antojo por determinados alimentos, disminución de la actividad sexual, agresividad, ilusiones paranoides, ansiedad y delirios de cambios corporales”.

Potencial de dependencia

No hay indicios de que el MDMA provoque adicción física; sin embargo es probable que algunas personas puedan llegar a adquirir dependencia psicológica a esta sustancia debido a sus efectos subjetivos. La tolerancia aumenta ante administraciones consecutivas. De manera general, se acepta que la frecuencia máxima con que es posible consumir esta droga sin que disminuyan sus efectos es de una semana. En cualquier caso, la tolerancia es mucho menos marcada que la de anfetaminas, tranquilizantes o somníferos.

Bibliografía

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